martes, 16 de junio de 2015

Novedades emocionales

Ilustración de Alberto Montt
sobre poesías de Vicente Huidobro.

Algo mareada de un dolor de espalda que evita la retirada, despierto pensando en algo que dije anoche: “ya no estoy de luto”.  Y lo digo desde el cuerpo todo, desde una mente aclarada (dentro de los patrones de posibilidad que dispongo) y días en los cuales invento razonamientos para levantarme con ánimo.



En un hermoso libro, Butler afirma que “Y si hemos perdido [a alguien], se deduce entonces que algo tuvimos, que algo amamos y deseamos, que luchamos por encontrar las condiciones de nuestro deseo.” Cuando eso que amamos son los padres (o quienes hicieron las veces de ellos), pareciera que se produce una sensación ambivalente, en la cual recordarlos nos da un halo de felicidad, al mismo tiempo que una tristeza infinita.

Ellos.
¿Cuáles de esos recuerdos me constituyen como Paola? ¿Y qué otros que quizás jamás recuerde conscientemente y que, sin embargo, estarán aquí, en mi cuerpo emocional, siempre presentes? No es que quiera recordarlo todo (no creo que sobreviviera a ello), sino que no puedo evitar pensarlo, como una esquina oscura en la casa a la que, sin encender la luz, nos acercamos para develar.

Su letra, encontrada en un papel entre libros.
A pesar de que hace tiempo han muerto, ayer me experimenté a mí misma, por primera vez, como de no-luto. Y siento un dolor más tenue, asociado a la felicidad que me produce recordar a los dos adultos que de niña me protegieron como una hija, sin serlo. Supongo que ahora me daré otras oportunidades, y que serán otros tiempos. Lo comparto con ustedes.

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