Eso es lo que tengo hoy: un día de
mierda. No cabe una palabra más refinada, ni buscar en el diccionario una
terminología alternativa para “embellecer” el relato.
Es que mi estado sería el de no
tolerancia. ¿Qué me pasa? Simple y horrorosamente que no soporto nada ni nadie.
Ese es mi día. Todo lo que hasta ayer me molestaba, hoy me prende fuego. Y todo
lo que hoy sucede me invita drásticamente a encontrarle su lado de infumabilidad.
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“Nada te tuve, nada te espante, todo
se pasa…” Bla bla bla bla: hoy no funcionan ni rezos, ni velas, ni
razonamientos, ni paseos al sol. Mi humor permanece constante e inalterable en
la inmutabilidad de la cara rectal.
Trataré de no salir para no
descarrilar de bronca con los ajenos, ni consumir nada diferente a lo habitual
que me pueda caer mal (ya me veo enojada y encima con gases). La bronca es una
batalla que debe librarla una en sí y para sí misma. Seré fuerte y
perseverante, me inmolaré sola por no desparramar esta injustificada casi-ira al
mundo.
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| Cara rectal. |
Lástima los que hoy viven conmigo.
Trataré de ser prácticamente muda y no utilizar el lenguaje físico con ellos.
No deberé olvidarlo en las posibles doce horas que me queden de despierta (con
suerte, y siesta mediante, menos). Ni una ceja levantada, ni un dedo índice en
alto. Verificaré el volumen del tono de mis enunciaciones, minuto a minuto.
Vamos vamos, fuerza Suárez Ortega.
… Vamos que ya hay veinte minutos menos…
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| Sabios los que huyen. |



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